Otra vez más otra historia más de otra persona más con otra misión más allá que la de ganar dinero. Os comparto un artículo publicado hoy en BBC.com (en inglés). Habla de Matt Long, que debe ser famoso en su casa a la hora de comer, porque lo que es yo, no lo conocía. El caso es que Matt cuenta como hace poco, en 2012, reventó. Pero no físicamente, eso no hay quien lo cuente, sino espiritualmente.

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Estando en un idílico viaje por Francia, recibió la llamada de su jefe que no andaba muy contento con él, invitándole a renunciar a su posición dentro de la maquinaría política de Washington DC. Él aceptó, así, como en un acto reflejo. Y es que Matt, confiesa, tenía un buen trabajo, una buena pareja, una buena casa, unos buenos coches, tres buenos perros... y una buena infelicidad.

Me entristece encontrarme frecuentemente con personas que entienden el trabajo como un sacrificio a padecer en pro de un salario a fin de mes. Personas que consumen las mejores horas del día de los mejores días del año de los mejores años de sus vidas realizando una actividad que no desean, para luego gastar el dinero en objetos que no necesitan con la intención de impresionar a personas que no conocen y que, y no es por ponerme pesado, sólo quieren sus cosas y no a él.

Es el camino del tener, de una felicidad basada en tengo esto o lo otro. En ese camino entramos sin darnos cuenta, muy jovencitos, siendo aún niños. Un encantador “ahg mío!” (es mío) marca el pistoletazo de salida de una carrera cuya meta está siempre en el horizonte. Nuestra fiel compañera para todo el recorrido: la ansiedad, por tener más y por conservar lo que tenemos. Miedos, batallas, codazos, dulces y efímeras recompensas... en fin, qué te voy a contar, ya lo sabes. Todos pasamos por ahí.

Algunos se quedan, claro, mientras viven. Otros reventamos, como Matt o como yo mismo, bien por lucidez (no fue nuestro caso), bien por fatiga (este sí que sí). Fatiga de buscar y buscar y no conseguir o de ganar y ganar y no ser feliz. Hasta que un día llega un magnífico... me rindo. Esa es la insignia que luce en la bandera del punto de retorno. De retorno al reencuentro con la felicidad, a volver a lo que fuimos, al ser. A vivir siendo y no teniendo. A vivir sabiendo que mañana es una fantasía y ayer un recuerdo. A vivir haciendo según lo que soy y teniendo según lo que realmente necesito.

A Matt siempre le apasionó conocer nuevos lugares y descubrir los misterios que hay en cada punto geográfico. Empezó con un blog y hoy trabaja contando lo que encuentra por el mundo en revistas de viajes. Colabora en campañas de marketing turístico, representa a algunas empresas de turismo y vende sus fotografías. Se lo pasa en grande viajando y encima gana más dinero que nunca en su vida, más incluso que cuando eso, ganar dinero, era su prioridad.

Pero por encima de todo, Matt ahora es feliz. Y con su felicidad colabora a hacer felices a los demás. Su vida y su existencia tienen hoy más sentido que nunca. Matt está en su elemento.

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