Contemplar el espectáculo estelar que se nos ofrece a diario. Tomar consciencia de ser habitantes de un mismo planeta. Percibir nuestra insignificancia frente al vasto universo.

Se encuentra usted aquí

Cuando salimos a la calle, no es una calle donde estamos. Cuando transitamos por un barrio, no estamos en ese barrio, ni siquiera es una ciudad en donde nos encontramos. Cuando ponemos un pie en el suelo, realmente lo hacemos sobre un planeta, sobre un astro alumbrado por una estrella, gestados ambos hace miles de millones de años.

Cuando los rayos del sol nos calientan, no es que haya salido el sol, es que hoy salió del sol una luz que se creó en su centro antes incluso de que el primer hombre se irguiera. Cuando caminamos y todo lo demás parece estático, realmente nosotros y eso que tan parado parece surcamos el espacio a miles de kilómetros por hora.

Y cuando nos miramos, cuando te miro y cuando me miras, no somos tú y yo lo que vemos, somos un milagro llamado vida ocurrido en este pequeño pálido punto azul.

Esa irrefutable realidad es la mayor de todas las realidades, pero sólo la vivimos si decidimos parar, respirar y ver el todo. Tenemos la mirada anclada en lo pequeño, en lo diminuto, por eso creemos vivir en un calle, en una ciudad o en una región. Es porque perdimos el contacto con lo grande que lo pequeño es hoy toda nuestra realidad.

Por favor...
mira al cielo...
y dime...
¿qué eres?

Añadir nuevo comentario

V
G
n
H
A
%
No incluya los espacios en blanco.