No hay bien ni mal que cien años dure. El espíritu de este refrán se hace más patente en determinados escenarios, como el de la foto, tomada por un buen amigo mío transitando por una calle cualquiera.

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Foto restos de edificio derruido

La fuerza de lo racional parece muy superior a la de la naturaleza cuando se miden en un entorno urbano. Es tan fácil arrancar las hierbas de un solar, y convertirlo en un piso liso y estéril, que nos sentimos dueños del mundo. Sin embargo, como vemos en la imagen, la hierba que un día desterramos para ubicar allí cierta construcción, vuelve ahora a ocupar su lugar. Parece como si la naturaleza emergiera allí donde lo racional deja de mirar, como si permaneciera al acecho para aprovechar la primera oportunidad que se presente y volver a arraigar.

Pero también son sustrato favorable los espacios abandonados para una de las esencias más propias de la naturaleza humana, el arte, ese hermano frágil tantas veces pisoteado y ninguneado, que al igual que la hierba, emerge donde encuentra un hueco, un descuido, o sencillamente, dónde se le permite.

¿Quiere esto decir que razón y naturaleza son incompatibles, enemigas de por sí?. Sólo parecen serlo cuando alguna de ellas cae en enfermedad, saliendo desbocada la una al paso de la otra allá donde conviven. Sin embargo, del encuentro de ambas nace la belleza que apreciamos en la armonía de un jardín, como es propio de todo equipo donde de la salud individual emerge el tan acertado uno más uno tres.

Parece como si la antigüedad fuera un grado en esto de la existencia al entender como la hierba, al aparecer mucho antes que la razón, acabará desapareciendo mucho después que ella, si bien el tiempo, al haber nacido mucho antes que la hierba, acabará siendo quien apague la luz del universo, cierre la puerta, y salga en último lugar. Todo esto es, como introducía, mera apariencia, pues no es ésta realmente la lógica de la regla que regula la aparente fortaleza de los sujetos, sino la línea de dependencia que parte de los más primarios y termina en los más complejos: la hierba nunca hubiera nacido sin el tiempo, y la razón no estaría aquí de no ser porque un día apareció la hierba a la que hoy, a veces inconsciente, arrebata de su lugar.

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